martes, 22 de julio de 2014

UNA DE MOTIVACIÓN: ARRIESGA

La mayoría de las veces no nos arriesgamos en la vida, por miedo, por pereza, por comodidad...
Y digo yo ¿por qué muchas veces tenemos miedo a arriesgar? Porque no queremos salir de "lo conocido", "lo cómodo", lo que se llama la zona de confort, de la que últimamente se habla mucho.
Yo no soy muy de lanzarme a una piscina sin saber si hay agua (al menos un palmo),  pero es cierto que  me gustan las cosas nuevas, los retos, e intentarlo, sobre todo intentarlo, porque me gusta ver cómo las cosas van surtiendo efecto. Desde muy pequeña he tenido dos lemas:  "El que no arriesga, no gana" .
Muchas veces me he encontrado con personas que me responden: "pero tampoco pierde". Pienso que esas personas están equivocadas, sí que pierden, y mucho, pierden la oportunidad de avanzar en sus vidas, o en su carrera, o conocer personas interesantes...



El segundo lema: "No te arrepientas de nada. Las decisiones que has tomado en la vida han sido las mejores que podías tomar en ese momento y en esas circunstancias" ¿Que nos equivocamos? ¿Quién lo ha dicho? ¿Sabes lo que hubiera pasado si hubieras elegido la otra opción? NO, así que no pienses en eso, no podemos adivinar futuros paralelos, así que hay que continuar.




Hay que luchar por lo que te interesa, el camino no siempre será fácil  y muchas veces tendremos que desviarnos por motivos más urgentes, pero éstas desviaciones tienen que ser "descansos" para retomar con más fuerza nuestro camino, y alcanzar la meta. Por ejemplo, una carrera que has tenido que dejar a mitad por motivos personales, económicos... pero es tu pasión, así que antes o después, cuando puedas, retómala,  nunca es tarde.

Os dejo con ésta parábola, para que veáis que aun en los momentos más difíciles debemos "sacudirnos" lo que nos retiene y avanzar, SIEMPRE HACIA DELANTE, y con la cabeza bien alta porque nuestros sueños y metas nos tienen que mantener bien orgullosos de lo que somos, y lo que hacemos para lograrlas.


"Un campesino, que luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda.

Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y seria extremadamente difícil sacar el caballo de allí. 


El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y revisó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate. Tomó, entonces, la difícil decisión: Determinó que el capataz sacrificase al animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo, allí mismo. Y así se hizo. Los empleados, comandados por el capataz, comenzaron a lanzar tierra adentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal, éste la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente, consiguió salir!"


YO SOY ESE CABALLO ¿Y TÚ?

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